-¿Cómo has estado...? -dije, intentando sacar algo de conversación.
-Bien... -respondió. Aunque yo sabía que no lo estaba, sabía que era otro de sus infructuosos intentos por convencerse de que en su mundo no había nada que estuviera mal.
...
Marco estaba sentado en el mismo lugar que acostumbraba ocupar en la biblioteca, hundido en la pila de libros que estaban amontonados sobre el escritorio. Y aunque parecía totalmente perdido en lo que estaba leyendo, como si tuviese un radar, volteó a verme en cuanto comencé a caminar hacia donde se encontraba.
-¡Hola Alan!- me saludó, entusiasmado.
Mi amigo se había vuelto optimista y alegre en exceso, y eso era algo que me sorprendía bastante; no estaba acostumbrado a ver a Marco sonriendo todo el tiempo; tal vez era porque yo no sonreía mucho, o porque mi humor dependía de muchos otros estúpidos factores y ésto provocaba que me molestara la alegría de mi amigo.
-Hola Marco ¿Cómo estás? Veo que estás bastante ocupado... - dije, intentando evitar quedarme a platicar con él, en realidad no me gustaba platicar con nadie en esos días.
-No te preocupes, de hecho estaba a punto de ir a buscarte. Quiero hablar contigo ¿puedo? -dijo antes de que pudiera seguir mi frase.
Marco empezó a hablar lentamente, arrastrando las palabras y haciendo molestas pausas entre frase y frase. Parecía que el preludio al verdadero motivo de dicha plática duraría eternamente, y eso comenzó a desesperarme; no tenía muchos ánimos para escuchar cosas que no tenían sentido, aún cuando éstas viniesen de un amigo mío.
-¿Por qué no vas directamente al grano? -lo interrumpí, demostrando mi frustración.
-Está bien... -dijo un poco molesto. Entendía su reacción, en realidad yo no acostumbraba ser tan cortante y mucho menos hablar de una manera tan brusca con nadie.