sábado, 16 de noviembre de 2013

ST 6

No había visto a Mariana desde hace unas semanas, y en el momento en que nos encontramos de nuevo fue algo diferente para mí; ella se veía tan distinta, tan extrañamente ajena a la mujer que yo conocía. Lucía distante, algo cambiada en el exterior; pero podía darme cuenta que en el fondo, en algún lejano rincón de su ser, la Mariana que yo amaba seguía presente.

-Hola Mariana.- la saludé al ver que se acercaba con una expresión seria en el rostro, mientras sostenía en una mano algún papel cuyo contenido no pude adivinar.

-Hola - me saludó de la forma más seca que pudo encontrar (o eso me pareció).

Ciertamente odiaba que se comportara así sin razón aparente, detestaba tener que adivinar qué era lo que la tenía enojada, de malas, triste, preocupada o cualquiera que fuese la emoción en turno. Era bastante molesto tener que lidiar con sus repentinos cambios de humor, tener que aguantar su indecisión de querer o no estar conmigo.

-¿Cómo has estado...? -dije, intentando sacar algo de conversación.

-Bien... -respondió. Aunque yo sabía que no lo estaba, sabía que era otro de sus infructuosos intentos por convencerse de que en su mundo no había nada que estuviera mal.

Sabía que no podía hacer nada para me pudiese decir qué era lo que pasaba por su mente, para saber por qué estaba tan extraña últimamente; me había resignado por completo a lidiar con esa situación de la peor forma que se me había ocurrido: estar a su lado sin importar nada, aunque el único que saliera lastimado de todo eso fuera yo.

...

Marco estaba sentado en el mismo lugar que acostumbraba ocupar en la biblioteca, hundido en la pila de libros que estaban amontonados sobre el escritorio. Y aunque parecía totalmente perdido en lo que estaba leyendo, como si tuviese un radar, volteó a verme en cuanto comencé a caminar hacia donde se encontraba.

-¡Hola Alan!- me saludó, entusiasmado.

Mi amigo se había vuelto optimista y alegre en exceso, y eso era algo que me sorprendía bastante; no estaba acostumbrado a ver a Marco sonriendo todo el tiempo; tal vez era porque yo no sonreía mucho, o porque mi humor dependía de muchos otros estúpidos factores y ésto provocaba que me molestara la alegría de mi amigo.

-Hola Marco ¿Cómo estás? Veo que estás bastante ocupado... - dije, intentando evitar quedarme a platicar con él, en realidad no me gustaba platicar con nadie en esos días.

-No te preocupes, de hecho estaba a punto de ir a buscarte. Quiero hablar contigo ¿puedo? -dijo antes de que pudiera seguir mi frase.

-Por supuesto -dije, sabiendo que no habría forma de negarme ante tal petición.

Marco empezó a hablar lentamente, arrastrando las palabras y haciendo molestas pausas entre frase y frase. Parecía que el preludio al verdadero motivo de dicha plática duraría eternamente, y eso comenzó a desesperarme; no tenía muchos ánimos para escuchar cosas que no tenían sentido, aún cuando éstas viniesen de un amigo mío.

-¿Por qué no vas directamente al grano? -lo interrumpí, demostrando mi frustración.

-Está bien... -dijo un poco molesto. Entendía su reacción, en realidad yo no acostumbraba ser tan cortante y mucho menos hablar de una manera tan brusca con nadie.

-Olvídate de Mariana... tienes que dejar a un lado lo que sientes por ella. Sé feliz... ella solamente te hace daño... - sus palabras resonaron en mi cabeza toda la tarde, aún cuando tenía cientos de cosas por hacer, lo único que ocupaba mi mente era el consejo de Marco.

sábado, 21 de septiembre de 2013

ST 5

[...]

-.Pues en ocasiones es complicado explicarlo...

En momentos así era cuando me daba cuenta de lo complicado que podía ser el querer a alguien de la forma en la que yo quería a Mariana; por fin comprendía que amar a alguien no  era lo que la mayoría pensaba, no se trataba solamente del deseo o de la increíble atracción que pudiese sentir por la otra persona; mucho menos del capricho que implicaba estar junto al otro.

Amar iba mucho más lejos de lo que hasta ahora había pensado, Mariana me lo había enseñado. En ese instante entendía que el amor lo que buscaba era la felicidad del otro, sabía que si de verdad la amaba no importaba que ella no estuviese a mi lado, lo que importaba era que ella fuera feliz. En realidad eso era lo único que me había importado durante un muy buen tiempo, había encontrado una extraña satisfacción en su sonrisa, en su voz y en su mirada.

-¿Complicado? -me dijo mientras me miraba con atención.

Me encantaba que me mirara de esa forma, a decir verdad me encantaba cada cosa de ella. La adoraba incluso cuando a momentos no quisiera estar a su lado.

-Sí. Mira, cuando amas a alguien no hay nada más que te importe, es algo distinto, no es tan fácil decir que amas a alguien, tienes que tener la seguridad de que eso que sientes se llama amor. El simple cariño no se puede llamar amor...

En realidad era difícil para mí decir eso frente a Mariana, al fin de cuentas me había costado trabajo aceptar que lo que yo sentía por ella verdaderamente era amor.

-¿Entonces qué es el amor?

-El amor no puede ser explicado, es algo que se entiende hasta que lo sientes, aunque yo supiera exactamente cómo es no podría explicarlo, y aunque pudiese hacerlo, tú no entenderías de lo que hablo.

No sabía con certeza lo que estaba pasando en ese instante, era extraño que yo le dijera todas esas cosas a Mariana, pero de alguna forma me sentía seguro y cómodo diciendo todo eso. De una u otra manera ella lograba sacar lo mejor de mí, lograba que yo me convirtiera en una mejor persona.

...

Mariana y yo pasamos un largo rato dando vueltas en el mismo tema; me sorprendía mucho la visión que ella tenía sobre todo el asunto, y aunque no estaba de acuerdo con todo lo que ella creía, lo respetaba.

De pronto, en algún momento de la plática el tema cambió y llegamos al punto que no me agradaba del todo, ese instante en el que ella se veía invadida por la tristeza y sus ojos se llenaban de lágrimas. Cuando eso sucedía la verdad es que todo lo que nos rodeaba me dejaba de importar, lo más importante en mi mundo era ella.

-No me gusta verte así. -dije en un estúpido intento de calmarla.

-A mí no me gusta que me veas así. -dijo con la voz entrecortada, esa voz que denotaba su profundo dolor.

La vedad es que me dolía que ella estuviese así, tal vez de igual forma que a ella le dolía todo lo que sentía. Ver sus ojos llenos de lágrimas era algo que detestaba, era algo que me lastimaba, de una extraña forma, aunque no lo quisiera, aunque estuviese harto de ello.

Siguió hablando sobre lo que la tenía así, y a cada palabra que salía de sus labios yo me sentía cada vez más ridículamente enamorado de ella. Sabía que para ella su tristeza tenía una buena razón de ser, pero yo encontraba terriblemente tontos cada uno de los argumentos que ella me daba.

Una vez que esa plática hubo terminado, me puse a dar vueltas en mi cabeza a todo lo que había pasado, y me dí cuenta de que aunque lo intentara con todas mis fuerzas, aunque hubiese momentos en los que no deseara otra otra cosa, y aún cuando todo ese estúpido asunto me tuviera totalmente harto (en realidad eso era completamente mi culpa), a pesar de que sabía que estaba mal... no podía dejar de amarla.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

ST 4

-¿Sabes...? Hay algo que he querido decirte desde hace tiempo. -dije en un intento por romper el incómodo silencio que había entre los dos.

Era otro de esos momentos en los que los dos quedábamos sin palabras y aunque parecía que no había nada más de qué hablar, siempre llegábamos a temas de conversación bastante interesantes. Además me reconfortaba la compañía de Mariana, había encontrado en ella todo lo que cualquiera puede pedir.

-Dime -me miró con el rostro lleno de incertidumbre, aunque en ese momento no me pareció relevante.

-¿Alguna vez has sentido que no puedes estar lejos de alguien? Me refiero a que quieres tanto a una persona  que sabes que harías hasta lo imposible por ver su sonrisa todos los días... -esperaba que ella entendiera que me refería a ella, después de todo, no me esforzaba por ocultar lo que sentía.

-¡Por supuesto! Tal vez no te lo había dicho, pero es eso y mucho más lo que yo siento por Raúl. -dijo y sonrío con aquélla sonrisa sincera y libre de preocupación que la caracterizaba.

En ese instante todo lo que quería decir se había esfumado de mi mente, era la primera vez que la escuchaba hablar sobre Raúl, sobre lo que Marco me había contado; y aunque no tenía razón alguna para sentirme como lo estaba haciendo en ese instante, el "te quiero" que estaba por salir de mi boca y todas los sentimientos que ella causaba en mí se esfumaron.

[...]

-...¿Qué opinas, Alan? -escuché la voz de Marco, pero no procesé sus palabras sino hasta unos instantes después.
-Ahh, pues suena bien. -dije, sin prestar mucha atención a lo que mi amigo dijo a continuación.

Podía ver a Mariana desde el lugar donde estábamos sentados Marco y yo; parecía tan feliz, tan en calma, algo que me había acostumbrado a ver en ella cuando estaba conmigo. Ella estaba junto a Raúl, como acostumbraba desde unos días antes; y aunque esto implicaba que ninguno de nosotros podía estar a su lado, ni a Marco ni a mí parecía afectarnos demasiado.

-¿Te has dado cuenta de lo juntos que han estado Raúl y Mariana últimamente? -dijo Marco al notar que yo estaba mirando a Mariana y dejaba de poner atención en la plática que intentábamos mantener.

"¡Claro que lo he notado!"- pensé. Mi mundo se había movido alrededor de Mariana tiempo atrás, y he de admitir que era un grave error, después de todo me había dado cuenta que Mariana estaba entregada completamente a la idea de estar con Raúl.

-¿De verdad...? No lo había notado. -contesté, intentando fingir lo que Marco sabía perfectamente; sabía que él podría entender lo que en verdad estaba diciendo al responder con tal mentira.

-Sí, parece que por fin encontró la forma de estar con él. -dijo mientras dirigía la mirada hacia ellos dos, que parecían estar completamente absortos en su conversación sin notar que nosotros los mirábamos.

La situación se había vuelto bastante rara, desde aquél día en que Mariana y yo platicamos, ella se había distanciado; por alguna razón ella había dejado de frecuentarme y cada vez que la encontraba se limitaba a saludarme a la distancia mientras seguía su camino; sin mencionar los momentos incómodos en los que yo intentaba acercarme a ella y todo terminaba en un desastroso saludo y una bochornosa despedida.

-¡Oh! ¿En serio? Me alegro por ella, merece ser feliz... -dije mientras intentaba ocultar lo que en realidad sentía.
-Ambos sabemos que sí, merece lo mejor. Ella merece estar con alguien que se preocupe por ella, que la haga feliz y esté con ella porque la quiere tal cual es... -dijo mientras sonreía y clavaba la mirada en Mariana.

Me sorprendió mucho escuchar esas palabras viniendo de Marco, probablemente era la primera vez que lo oía hablar de esa forma; pero esas palabras quedaron grabadas en mi mente. Tenía razón, Mariana necesitaba alguien que pudiese darle todo lo que ella necesitara, incluso aunque ella no se diera cuenta de necesitarlo.

De nuevo puse mi mirada sobre ella, y por un momento no sentí lo mismo que sentía por ella, al verla tuve una sensación completamente distinta a todas las que había llegado a experimentar cuando se trataba de Mariana. Sin que pudiese evitarlo a mi mente llegaron sus palabras: "Creo que lo amo...", "Necesito estar a su lado...", "Quisiera ser todo para él...".

Y sin más, me odié... aborrecí mi estúpida forma de amarla, porque aunque no podía estar con ella, aunque sufriera porque estaba seguro que ella conocía mis sentimientos y yo no me atrevía a decirlos; aunque detestaba la idea de estar un segundo más separado de ella, a pesar de todo, aunque no fuese causada por mí... su sonrisa me hacía feliz.

sábado, 7 de septiembre de 2013

ST 3

Las últimas semanas habían pasado lentamente; tal vez era el ritmo que tenía que llevar debido a la escuela, aunque yo creía más probable que fuese todo lo ocurrido desde la plática con Marco.

Los días se volvieron monótonos, aburridos y llenos una desesperante angustia. Sí, suena exagerado, pero solía pensar que así debía de ser cuando las cosas marchan de forma inesperada.

-Hola, Alan ¿Cómo has estado? -me llamó alguien y giré inmediatamente sobre mí, aquélla voz me parecía desagradablemente conocida.

Era Raúl, se acercaba a la banca donde yo estaba plácidamente sentado. No lo conocía desde hace mucho y la verdad antes de lo que habíamos hablado Marco y yo, Raúl me daba lo mismo.

-Bien, bien. ¿Y tú qué tal? -respondí por mera cortesía, más que por el deseo de hacerlo.

La verdad no podía entender qué era lo que Mariana veía en alguien como Raúl; era pretencioso y presumido la mayoría de las veces, y en ocasiones era insoportable a más no poder.

-Bien también. Gracias. -dijo sin hacer ningún gesto, y sin voltear se sentó a mi lado; cosa que me incomodó bastante.

No le daba importancia al hecho de que él estuviese sentado a mi lado, tengo que aceptar que en el fondo creía que todo era mi problema.

...

Era ya bastante tarde y yo seguía sentado frente a la computadora que acostumbrada ocupar en la sala. Desde hace algunos días me quedaba hasta tarde en la sala de cómputo, lo que me mantenía ahí era la esperanza de verla, de estar a su lado por lo menos un minuto.

Estuve ahí alrededor de una hora sin que apareciera nadie importante, salvo unos cuantos de mis compañeros y amigos preguntando cosas irrelevantes; pero sin que pudiese anticiparlo la vi acercarse por el pasillo.

Mariana se veía más bonita que de costumbre,  había algo particularmente hermoso en ella y no podía adivinar qué era.

-¡Hola! -la salude con el característico entusiasmo que me invadía cuando estaba con ella.

-Hola -respondió secamente, había algo extraño en su voz, un timbre de duda y dolor que era difícil distinguir.

-¿Cómo estás? -pregunté mientras la veía a los ojos, aunque sabía perfectamente la respuesta.

Mariana había estado algo extraña y distante desde hace unos días, era como si la chica que había conocido se hubiese esfumado de la noche a la mañana. Y a pesar de mis intentos por verla sonreír no había conseguido gran progreso; incluso me había ganado algunas dolorosas lecciones.

-No sé... -dijo mientras me devolvía la mirada.

Detestaba, odiaba a sobremanera que su respuesta fuera un "no sé", era algo que lograba dejarme sin palabras; pero odiaba mucho más no poder ayudarla, el no poder hacer nada para verla sonreír.

-Sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites ¿cierto? -dije, aunque esas palabras salieron de mi boca sin que las pensara, fueron totalmente instintivas.

-Gracias...

Pasé las siguientes 2 horas junto a Mariana, escuchando lo que tanto la tenía triste, escuchando sus problemas y soltando de vez en cuando un chiste para ver si podía arrancar una sonrisa de su hermoso rostro (lamentablemente sin éxito).

A pesar de que adoraba estar junto a ella, por mucho que me hiciera feliz el estar a su lado, esa ocasión no disfruté tanto hablar con Mariana, había muchas cosas en mi cabeza durante esa conversación: Marco y el dolor que sentía en esos momentos, mi desprecio por Raúl; pero sobretodo me había dado cuenta de algo: me había equivocado respecto a Mariana... ella no era la mujer fuerte que yo había imaginado...

viernes, 6 de septiembre de 2013

ST 2

-...y a fin de cuentas no sé.- dijo mientras bajaba la mirada al suelo, como si tuviese algo de qué avergonzarse.

Habían pasado cinco meses desde que había conocido a Mariana, y después de ese tiempo yo seguía siendo el mismo tonto y ella continuaba aprovechando mi debilidad.

-¿Me estás escuchando? ¡Siempre me "das el avión"! - me miraba con la extraña fuerza que acostumbraba como si quisiese decirme cientos de cosas y al final no pudiera decirme nada.

No puedo mentir, a pesar de observar el daño que Mariana nos causaba a Marco y a mí no podía dejar de pensar en ella, se había convertido en una especie de placebo para mi felicidad.

-Sabes que eso no es cierto...- le dije mientras seguíamos caminando en dirección a la parada del autobús-...sabes que siempre te escucho, aunque no muchas veces te entienda.

Mariana me miró directamente a los ojos, no hacía falta que me contara todo lo que estaba pasando por su mente, bastaba su silencio para que yo comprendiera que ella sufría últimamente. Llegamos por fin a donde estaba el autobús.

-¿Sabes...? Tienes los ojos más hermosos que haya visto.  -me atreví a decir por fin. Hacía tanto tiempo que deseaba decirle eso y no lograba reunir el valor suficiente para hacerlo, no por cobardía sino por la incertidumbre que me generaba la idea de su respuesta.

Nos detuvimos un instante e intenté descifrar la expresión que tenía en el rostro sin ningún resultado.
-Gracias...- me dijo y subió al autobús sin decir nada más, sin voltear a verme y sin despedirse.

...

-¿Cómo has estado?.
-Ahí vamos, ya sabes. -respondió Marco con su particular forma de indicar que no estaba bien.

Un par de meses atrás no habría comprendido cómo se sentía Marco en ese momento; pero en ese instante creía estar igual que él, o al menos tenía una mínima idea de lo mal que podría sentirse mi amigo.

-¿Es por ella, cierto? -dije mientras me sentaba a su lado y me preparaba a escuchar algo con lo cual estaba casi seguro que me identificaría.

-Sí, y me siento un completo idiota.
-No lo eres, ambos lo sabemos.

-Tal vez... hay muchas maneras de ser idiota, en mi caso no es lo que todo el mundo pensaría, probablemente tú también estarías de acuerdo en que lo soy. -dijo sin levantar la mirada.

Desde el día en que conocí a Mariana me había dado cuenta que Marco tenía muchas razones para estar enamorado de ella, y aunque no estaba de acuerdo con todas ellas podía entender que era casi imposible no caer bajo los encantos de aquella mujer.

-Está bien entonces cuéntame... ¿Por qué estaría de acuerdo en que eres un idiota? -hice una mueca de desacuerdo mientras pronunciaba esas palabras. Sabía que cualquiera que fuese la razón que me diera Marco estaría totalmente en contra.

Conocía perfectamente a mi amigo, él no se enamoraba de cada chica que conocía, cuando lo hacía era de verdad y la elegida tenía que ser muy especial para él, o al menos así lo veía yo.

-Como sabes, como todo el maldito mundo sabe, estoy enamorado de Mariana. Pero no sé... hay tantas cosas que quisiera decirle y sin embargo no puedo...

-¿Qué es lo que quisieras decirle? ¿No puedes...? -me extrañó mucho que dijera eso.

En realidad era cierto, muchas personas que conocían a Marco sabían que él estaba enamorado de Mariana y algunos nos preguntábamos por qué no se lo había dicho todavía.

-No puedo, ahora no puedo decirle todo lo que siento por ella... por muy enamorado que yo esté de ella, Mariana... -hizo una pausa durante unos segundos- Mariana está enamorada de alguien más...

Escuché las palabras de Marco como si las hubiese dicho a metros de distancia, y esas palabras se quedaron sonando en mi mente... no sabía qué pensar.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

ST 1

-¡¿Un giro de 360 grados...?! -me miró directamente a los ojos sin dejar a un lado su desayuno- Siempre me ha sorprendido la poca certeza con la que la gente usa esa frase....-

Marco era un joven de cabello negro y lacio; de mirada cansada y pesada, de aquéllas que descifran tus pensamientos en cuanto te miran, además tenía la mala costumbre de exagerar todos y cada uno de sus ademanes.

-Usan esa frase en el contexto equivocado, diciendo exactamente lo contrario a lo que quieren... -decía mientras seguía comiendo- ... aunque, puede decirse en este caso es adecuado usarla...
-¿Por qué lo dices...? -dije mientras lo miraba atragantarse con enormes pedazos de carne.

Marco me había contado desde hacía meses sobre Mariana, una chica que conoció gracias a sus amigos de la escuela. Y aunque él no era de los tipos que se impresionan fácilmente por una mujer, desde el momento que la conoció no pudo sacarla de su mente.

-Es extraño... cuando conoces a una persona especial generalmente cambias tu forma de ser, pero en este caso ella logró hacerme ver todo lo que puedo llegar a ser, y sin embargo regreso siempre al mismo punto, por eso digo que los 360 grados quedan perfectos en mi situación. - dijo y rió ampliamente, con una de esas sonrisas que ocultan incertidumbre-.

Era extraño en Marco comportarse de esa forma; desde que lo conocía nunca lo había visto tan interesado en una mujer, ni mucho menos lo había escuchado decir que estuviese enamorado. Y a pesar de que todo lo que me contaba lo encontraba sin sentido, supuse que a todos nos podría llegar a pasar.

-¿Puedo pedirte un favor? -dijo sin siquiera verme-.
-Claro, sabes que puedes contar conmigo.
-Hoy tenía que acompañar a Mariana, pero después de lo que pasó el Miércoles no creo poder. ¿Crees que puedas ir en mi lugar?.

Sabía que mi amigo se refería a la plática que había tenido durante la semana con Mariana, la plática después de la cual su sonrisa se había borrado.

-Por supuesto. -asentí aunque no muy convencido.
La idea de acompañar a la mujer que tenía tan triste a mi amigo no me hacía nada feliz, pero tampoco le fallaría a él.

...

Llegué 20 minutos después de la hora acordada al centro comercial, y a decir verdad no me importaba mucho, aunque me intrigaba conocer en persona a Mariana; después de todo ella era la mujer que tenía loco a Marco y eso era mucho decir.

Al cabo de media hora de esperar a Mariana, yo estaba completamente desesperado y tenía ganas de salir de ahí, miraba cada 30 segundos el reloj y deseaba no haber aceptado ayudar a Marco...

No sé cuántas veces había visto la hora en los últimos minutos, pero estaba tan molesto que decidí salir de ahí. Me levanté de la banca en donde estaba sentado y di media vuelta, pero en ese instante todo el enojo dejó de importar.
Estaba frente a mí y no hacía falta presentación para saber quién era.

Cabellos largos y chinos, de un negro intenso y penetrante; figura delicada y tez aterciopelada; unos ojos color café oscuro que me invitaban a perderme en ellos y cumplían perfectamente su propósito.
En ese momento no hubo más, comprendí los 360 grados de los que habló Marco....