miércoles, 4 de septiembre de 2013

ST 1

-¡¿Un giro de 360 grados...?! -me miró directamente a los ojos sin dejar a un lado su desayuno- Siempre me ha sorprendido la poca certeza con la que la gente usa esa frase....-

Marco era un joven de cabello negro y lacio; de mirada cansada y pesada, de aquéllas que descifran tus pensamientos en cuanto te miran, además tenía la mala costumbre de exagerar todos y cada uno de sus ademanes.

-Usan esa frase en el contexto equivocado, diciendo exactamente lo contrario a lo que quieren... -decía mientras seguía comiendo- ... aunque, puede decirse en este caso es adecuado usarla...
-¿Por qué lo dices...? -dije mientras lo miraba atragantarse con enormes pedazos de carne.

Marco me había contado desde hacía meses sobre Mariana, una chica que conoció gracias a sus amigos de la escuela. Y aunque él no era de los tipos que se impresionan fácilmente por una mujer, desde el momento que la conoció no pudo sacarla de su mente.

-Es extraño... cuando conoces a una persona especial generalmente cambias tu forma de ser, pero en este caso ella logró hacerme ver todo lo que puedo llegar a ser, y sin embargo regreso siempre al mismo punto, por eso digo que los 360 grados quedan perfectos en mi situación. - dijo y rió ampliamente, con una de esas sonrisas que ocultan incertidumbre-.

Era extraño en Marco comportarse de esa forma; desde que lo conocía nunca lo había visto tan interesado en una mujer, ni mucho menos lo había escuchado decir que estuviese enamorado. Y a pesar de que todo lo que me contaba lo encontraba sin sentido, supuse que a todos nos podría llegar a pasar.

-¿Puedo pedirte un favor? -dijo sin siquiera verme-.
-Claro, sabes que puedes contar conmigo.
-Hoy tenía que acompañar a Mariana, pero después de lo que pasó el Miércoles no creo poder. ¿Crees que puedas ir en mi lugar?.

Sabía que mi amigo se refería a la plática que había tenido durante la semana con Mariana, la plática después de la cual su sonrisa se había borrado.

-Por supuesto. -asentí aunque no muy convencido.
La idea de acompañar a la mujer que tenía tan triste a mi amigo no me hacía nada feliz, pero tampoco le fallaría a él.

...

Llegué 20 minutos después de la hora acordada al centro comercial, y a decir verdad no me importaba mucho, aunque me intrigaba conocer en persona a Mariana; después de todo ella era la mujer que tenía loco a Marco y eso era mucho decir.

Al cabo de media hora de esperar a Mariana, yo estaba completamente desesperado y tenía ganas de salir de ahí, miraba cada 30 segundos el reloj y deseaba no haber aceptado ayudar a Marco...

No sé cuántas veces había visto la hora en los últimos minutos, pero estaba tan molesto que decidí salir de ahí. Me levanté de la banca en donde estaba sentado y di media vuelta, pero en ese instante todo el enojo dejó de importar.
Estaba frente a mí y no hacía falta presentación para saber quién era.

Cabellos largos y chinos, de un negro intenso y penetrante; figura delicada y tez aterciopelada; unos ojos color café oscuro que me invitaban a perderme en ellos y cumplían perfectamente su propósito.
En ese momento no hubo más, comprendí los 360 grados de los que habló Marco....

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