En momentos así era cuando me daba cuenta de lo complicado que podía ser el querer a alguien de la forma en la que yo quería a Mariana; por fin comprendía que amar a alguien no era lo que la mayoría pensaba, no se trataba solamente del deseo o de la increíble atracción que pudiese sentir por la otra persona; mucho menos del capricho que implicaba estar junto al otro.
Amar iba mucho más lejos de lo que hasta ahora había pensado, Mariana me lo había enseñado. En ese instante entendía que el amor lo que buscaba era la felicidad del otro, sabía que si de verdad la amaba no importaba que ella no estuviese a mi lado, lo que importaba era que ella fuera feliz. En realidad eso era lo único que me había importado durante un muy buen tiempo, había encontrado una extraña satisfacción en su sonrisa, en su voz y en su mirada.
-¿Complicado? -me dijo mientras me miraba con atención.
Me encantaba que me mirara de esa forma, a decir verdad me encantaba cada cosa de ella. La adoraba incluso cuando a momentos no quisiera estar a su lado.
-Sí. Mira, cuando amas a alguien no hay nada más que te importe, es algo distinto, no es tan fácil decir que amas a alguien, tienes que tener la seguridad de que eso que sientes se llama amor. El simple cariño no se puede llamar amor...
En realidad era difícil para mí decir eso frente a Mariana, al fin de cuentas me había costado trabajo aceptar que lo que yo sentía por ella verdaderamente era amor.
-¿Entonces qué es el amor?
-El amor no puede ser explicado, es algo que se entiende hasta que lo sientes, aunque yo supiera exactamente cómo es no podría explicarlo, y aunque pudiese hacerlo, tú no entenderías de lo que hablo.
No sabía con certeza lo que estaba pasando en ese instante, era extraño que yo le dijera todas esas cosas a Mariana, pero de alguna forma me sentía seguro y cómodo diciendo todo eso. De una u otra manera ella lograba sacar lo mejor de mí, lograba que yo me convirtiera en una mejor persona.
...
Mariana y yo pasamos un largo rato dando vueltas en el mismo tema; me sorprendía mucho la visión que ella tenía sobre todo el asunto, y aunque no estaba de acuerdo con todo lo que ella creía, lo respetaba.
De pronto, en algún momento de la plática el tema cambió y llegamos al punto que no me agradaba del todo, ese instante en el que ella se veía invadida por la tristeza y sus ojos se llenaban de lágrimas. Cuando eso sucedía la verdad es que todo lo que nos rodeaba me dejaba de importar, lo más importante en mi mundo era ella.
-No me gusta verte así. -dije en un estúpido intento de calmarla.
-A mí no me gusta que me veas así. -dijo con la voz entrecortada, esa voz que denotaba su profundo dolor.
La vedad es que me dolía que ella estuviese así, tal vez de igual forma que a ella le dolía todo lo que sentía. Ver sus ojos llenos de lágrimas era algo que detestaba, era algo que me lastimaba, de una extraña forma, aunque no lo quisiera, aunque estuviese harto de ello.
Siguió hablando sobre lo que la tenía así, y a cada palabra que salía de sus labios yo me sentía cada vez más ridículamente enamorado de ella. Sabía que para ella su tristeza tenía una buena razón de ser, pero yo encontraba terriblemente tontos cada uno de los argumentos que ella me daba.
Una vez que esa plática hubo terminado, me puse a dar vueltas en mi cabeza a todo lo que había pasado, y me dí cuenta de que aunque lo intentara con todas mis fuerzas, aunque hubiese momentos en los que no deseara otra otra cosa, y aún cuando todo ese estúpido asunto me tuviera totalmente harto (en realidad eso era completamente mi culpa), a pesar de que sabía que estaba mal... no podía dejar de amarla.