domingo, 5 de enero de 2014

Magia del 6


«RING RING RING»

Con un manotazo apagué el despertador. Era la segunda vez que sonaba la alarma, volteé la cabeza para ver la hora... -2:35 de la mañana- sabía que había que levantarse para preparar los regalos y que estuvieran listos para más tarde.

Con pereza me senté en la cama. "¿Por qué tengo que levantarme a esta hora a hacer esto? Algún día sabrán la verdad..." me dije mientras metía los pies en las pantuflas y me frotaba los ojos para despertar un poco.

Decidí no despertar a Karla, lo mejor era salir a la sala, poner los regalos bajo el árbol y regresar a dormir, no tardaría más de 10 minutos.
Me levanté de la cama un poco molesto; quería seguir durmiendo, después de todo lo merecía... había tenido un día largo en el trabajo, lo que deseaba era descansar.

Caminé hasta el clóset para sacar los regalos; ahí estaban... el videojuego de Carlitos, la muñeca de Anita, y un par de cajas cuyo contenido no recordaba.

Tomé los regalos y los llevé hasta la sala para dejarlos en el lugar que les correspondía, los puse debajo del árbol y durante un momento me detuve para observarlos mientras me volvía a preguntar: "¿De verdad vale la pena tanta molestia...?". 

En ese momento recordé algo...

-Papá... Camilo dice que los Reyes Magos no existen, que la magia no existe - dijo Carlitos mientras caminábamos por el centro comercial.

-¡Claro que existen! Lo que pasa es que Camilo no cree en la magia... - le di la misma respuesta que mi padre me había dado cuando yo era niño.

...

Terminé de poner los regalos debajo del árbol, cuidando que fuesen visibles desde cualquier punto de la sala.
Tomé un vaso de agua en la cocina y regresé a dormir, al menos unas cuantas horas más, seguramente los niños despertarían temprano.


«¡PAPÁ, MAMÁ, DESPIERTEN! ¡LLEGARON LOS REYES!»

Abrí los ojos y pude ver a los niños saltando de alegría y a Karla sonriendo mientras se levantaba.

Fuimos todos hasta la sala, los niños estaban rebosantes de felicidad mientras nos enseñaban los regalos a ambos...

Anita jugaba con su muñeca mientras le decía a Karla que más tarde harían unos pasteles para mí en su nuevo hornito. Carlitos conectaba su videojuego y me platicaba cuánto había esperado el juego de mesa que los reyes le habían traído, pues quería que jugáramos todos en familia.

Entonces recordé la pregunta que me había hecho durante la noche: "¿Valía la pena?" y la plática con Carlitos... "...la magia no existe."

Claro que valía la pena, las sonrisas de mis hijos valían cualquier esfuerzo. Por supuesto que valía la pena levantarse en la madrugada. Aunque fuese cada año, valía la pena hacer un poco de magia.