Era bastante extraño regresar a ese lugar, el canto de los grillos marcaba el ritmo del anochecer mientras las estrellas decoraban lentamente el cielo.
No lo sé... hacía tantos años que había abandonado aquélla ciudad, que al regresar creía que todo era diferente cuando en realidad no era así.
El aire olía igual, el anochecer era el mismo de siempre, la gente no había cambiado... todo permanecía de la misma forma en que se había quedado cuando me marché.
Tal vez la sensación que me causaba todo eso era la inherente necesidad de encontrar un cambio después de tanto tiempo, tal vez sólo extrañaba la forma en que eran las cosas.
O tal vez extrañaba mi forma de ver las cosas.
Después de todo ¿quién no cambia a lo largo del tiempo? Estamos evolucionado todos los días.... y al final creo que no extrañaba el lugar que había quedado atrás, me extrañaba a mí mismo.
Suena tremendamente estúpido, lo sé, pero las cosas no cambian tan fácilmente, en cambio las personas lo hacemos cada instante... y hay momentos en los que nuestra vieja forma de ser se convierte en una especie de alucinación; era exactamente eso lo que yo sentía.