-...y a fin de cuentas no sé.- dijo mientras bajaba la mirada al suelo, como si tuviese algo de qué avergonzarse.
Habían pasado cinco meses desde que había conocido a Mariana, y después de ese tiempo yo seguía siendo el mismo tonto y ella continuaba aprovechando mi debilidad.
-¿Me estás escuchando? ¡Siempre me "das el avión"! - me miraba con la extraña fuerza que acostumbraba como si quisiese decirme cientos de cosas y al final no pudiera decirme nada.
No puedo mentir, a pesar de observar el daño que Mariana nos causaba a Marco y a mí no podía dejar de pensar en ella, se había convertido en una especie de placebo para mi felicidad.
-Sabes que eso no es cierto...- le dije mientras seguíamos caminando en dirección a la parada del autobús-...sabes que siempre te escucho, aunque no muchas veces te entienda.
Mariana me miró directamente a los ojos, no hacía falta que me contara todo lo que estaba pasando por su mente, bastaba su silencio para que yo comprendiera que ella sufría últimamente. Llegamos por fin a donde estaba el autobús.
-¿Sabes...? Tienes los ojos más hermosos que haya visto. -me atreví a decir por fin. Hacía tanto tiempo que deseaba decirle eso y no lograba reunir el valor suficiente para hacerlo, no por cobardía sino por la incertidumbre que me generaba la idea de su respuesta.
Nos detuvimos un instante e intenté descifrar la expresión que tenía en el rostro sin ningún resultado.
-Gracias...- me dijo y subió al autobús sin decir nada más, sin voltear a verme y sin despedirse.
...
-¿Cómo has estado?.
-Ahí vamos, ya sabes. -respondió Marco con su particular forma de indicar que no estaba bien.
Un par de meses atrás no habría comprendido cómo se sentía Marco en ese momento; pero en ese instante creía estar igual que él, o al menos tenía una mínima idea de lo mal que podría sentirse mi amigo.
-¿Es por ella, cierto? -dije mientras me sentaba a su lado y me preparaba a escuchar algo con lo cual estaba casi seguro que me identificaría.
-Sí, y me siento un completo idiota.
-No lo eres, ambos lo sabemos.
-Tal vez... hay muchas maneras de ser idiota, en mi caso no es lo que todo el mundo pensaría, probablemente tú también estarías de acuerdo en que lo soy. -dijo sin levantar la mirada.
Desde el día en que conocí a Mariana me había dado cuenta que Marco tenía muchas razones para estar enamorado de ella, y aunque no estaba de acuerdo con todas ellas podía entender que era casi imposible no caer bajo los encantos de aquella mujer.
-Está bien entonces cuéntame... ¿Por qué estaría de acuerdo en que eres un idiota? -hice una mueca de desacuerdo mientras pronunciaba esas palabras. Sabía que cualquiera que fuese la razón que me diera Marco estaría totalmente en contra.
Conocía perfectamente a mi amigo, él no se enamoraba de cada chica que conocía, cuando lo hacía era de verdad y la elegida tenía que ser muy especial para él, o al menos así lo veía yo.
-Como sabes, como todo el maldito mundo sabe, estoy enamorado de Mariana. Pero no sé... hay tantas cosas que quisiera decirle y sin embargo no puedo...
-¿Qué es lo que quisieras decirle? ¿No puedes...? -me extrañó mucho que dijera eso.
En realidad era cierto, muchas personas que conocían a Marco sabían que él estaba enamorado de Mariana y algunos nos preguntábamos por qué no se lo había dicho todavía.
-No puedo, ahora no puedo decirle todo lo que siento por ella... por muy enamorado que yo esté de ella, Mariana... -hizo una pausa durante unos segundos- Mariana está enamorada de alguien más...
Escuché las palabras de Marco como si las hubiese dicho a metros de distancia, y esas palabras se quedaron sonando en mi mente... no sabía qué pensar.
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