No había visto a Mariana desde hace unas semanas, y en el momento en que nos encontramos de nuevo fue algo diferente para mí; ella se veía tan distinta, tan extrañamente ajena a la mujer que yo conocía. Lucía distante, algo cambiada en el exterior; pero podía darme cuenta que en el fondo, en algún lejano rincón de su ser, la Mariana que yo amaba seguía presente.
-Hola Mariana.- la saludé al ver que se acercaba con una expresión seria en el rostro, mientras sostenía en una mano algún papel cuyo contenido no pude adivinar.
-Hola - me saludó de la forma más seca que pudo encontrar (o eso me pareció).
Ciertamente odiaba que se comportara así sin razón aparente, detestaba tener que adivinar qué era lo que la tenía enojada, de malas, triste, preocupada o cualquiera que fuese la emoción en turno. Era bastante molesto tener que lidiar con sus repentinos cambios de humor, tener que aguantar su indecisión de querer o no estar conmigo.
-¿Cómo has estado...? -dije, intentando sacar algo de conversación.
-Bien... -respondió. Aunque yo sabía que no lo estaba, sabía que era otro de sus infructuosos intentos por convencerse de que en su mundo no había nada que estuviera mal.
-¿Cómo has estado...? -dije, intentando sacar algo de conversación.
-Bien... -respondió. Aunque yo sabía que no lo estaba, sabía que era otro de sus infructuosos intentos por convencerse de que en su mundo no había nada que estuviera mal.
Sabía que no podía hacer nada para me pudiese decir qué era lo que pasaba por su mente, para saber por qué estaba tan extraña últimamente; me había resignado por completo a lidiar con esa situación de la peor forma que se me había ocurrido: estar a su lado sin importar nada, aunque el único que saliera lastimado de todo eso fuera yo.
...
Marco estaba sentado en el mismo lugar que acostumbraba ocupar en la biblioteca, hundido en la pila de libros que estaban amontonados sobre el escritorio. Y aunque parecía totalmente perdido en lo que estaba leyendo, como si tuviese un radar, volteó a verme en cuanto comencé a caminar hacia donde se encontraba.
-¡Hola Alan!- me saludó, entusiasmado.
Mi amigo se había vuelto optimista y alegre en exceso, y eso era algo que me sorprendía bastante; no estaba acostumbrado a ver a Marco sonriendo todo el tiempo; tal vez era porque yo no sonreía mucho, o porque mi humor dependía de muchos otros estúpidos factores y ésto provocaba que me molestara la alegría de mi amigo.
-Hola Marco ¿Cómo estás? Veo que estás bastante ocupado... - dije, intentando evitar quedarme a platicar con él, en realidad no me gustaba platicar con nadie en esos días.
-No te preocupes, de hecho estaba a punto de ir a buscarte. Quiero hablar contigo ¿puedo? -dijo antes de que pudiera seguir mi frase.
...
Marco estaba sentado en el mismo lugar que acostumbraba ocupar en la biblioteca, hundido en la pila de libros que estaban amontonados sobre el escritorio. Y aunque parecía totalmente perdido en lo que estaba leyendo, como si tuviese un radar, volteó a verme en cuanto comencé a caminar hacia donde se encontraba.
-¡Hola Alan!- me saludó, entusiasmado.
Mi amigo se había vuelto optimista y alegre en exceso, y eso era algo que me sorprendía bastante; no estaba acostumbrado a ver a Marco sonriendo todo el tiempo; tal vez era porque yo no sonreía mucho, o porque mi humor dependía de muchos otros estúpidos factores y ésto provocaba que me molestara la alegría de mi amigo.
-Hola Marco ¿Cómo estás? Veo que estás bastante ocupado... - dije, intentando evitar quedarme a platicar con él, en realidad no me gustaba platicar con nadie en esos días.
-No te preocupes, de hecho estaba a punto de ir a buscarte. Quiero hablar contigo ¿puedo? -dijo antes de que pudiera seguir mi frase.
-Por supuesto -dije, sabiendo que no habría forma de negarme ante tal petición.
Marco empezó a hablar lentamente, arrastrando las palabras y haciendo molestas pausas entre frase y frase. Parecía que el preludio al verdadero motivo de dicha plática duraría eternamente, y eso comenzó a desesperarme; no tenía muchos ánimos para escuchar cosas que no tenían sentido, aún cuando éstas viniesen de un amigo mío.
-¿Por qué no vas directamente al grano? -lo interrumpí, demostrando mi frustración.
-Está bien... -dijo un poco molesto. Entendía su reacción, en realidad yo no acostumbraba ser tan cortante y mucho menos hablar de una manera tan brusca con nadie.
Marco empezó a hablar lentamente, arrastrando las palabras y haciendo molestas pausas entre frase y frase. Parecía que el preludio al verdadero motivo de dicha plática duraría eternamente, y eso comenzó a desesperarme; no tenía muchos ánimos para escuchar cosas que no tenían sentido, aún cuando éstas viniesen de un amigo mío.
-¿Por qué no vas directamente al grano? -lo interrumpí, demostrando mi frustración.
-Está bien... -dijo un poco molesto. Entendía su reacción, en realidad yo no acostumbraba ser tan cortante y mucho menos hablar de una manera tan brusca con nadie.
-Olvídate de Mariana... tienes que dejar a un lado lo que sientes por ella. Sé feliz... ella solamente te hace daño... - sus palabras resonaron en mi cabeza toda la tarde, aún cuando tenía cientos de cosas por hacer, lo único que ocupaba mi mente era el consejo de Marco.
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