Mientras la hora se adentraba cada vez más en la oscuridad,
el joven deseaba no haber presenciado aquél momento,
lamentaba haber sucumbido ante la sonrisa de esa mujer...
sufría desde el instante en que perdió la cordura
en aquéllos ojos oscuros y llenos de alegría,
sufría como sufren los enamorados: sufría sin razón, sufría sin engaños.
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